Valores y Consumismo.

No soy capaz de quitarme esa imagen de la cabeza: centenares de personas haciendo cola delante de un edificio, soportando el frío y sin saber si lograrán llegar esta vez a la primera posición de la fila antes que acabe la jornada. Cada vez son más, de edades más distintas, con intereses y aspiraciones variadas... Pero con algo en común. Y no, no es que estén en la cola del paro, es que están ante la puerta de unos grandes almacenes haciendo guardia sin contemplación para conseguir un preciado juguete para sus hijos, nietos, sobrinos, hermanos o primos.

 

Todo por un juguete.

Hace más de 10 años vi una película de Navidad que no he logrado olvidar. Se trata de Un padre en apuros, en la que Arnold Schwarzenegger interpretaba a un padre de familia capaz de hacer todas las locuras del mundo para conseguir a su hijo el regalo estrella de esas navidades: un preciado muñeco llamado Turboman. La película, a parte de tener sus momentos divertidos y cómicos, siempre me había parecido simplemente un film navideño basado en la ficción. Pero hoy, años después, vuelve de nuevo para recordarme que no es más que la parodia de una triste realidad.

Centenares de personas se ha agolpado estos días en centros comerciales de toda España con el único fin de conseguir las muñecas que los más pequeños quieren sí o sí: las Monster High. Para quien no solo sepa, se trata de las muñecas del momento, conocidas como las “Divinas de la muerte” y que representan a las hijas adolescentes de los monstruos más famosos de la historia.

Pero de nada sirve saberlo: encontrarlas se ha convertido en misión imposible y están agotadas en media Europa. Miles de personas lo intentaron antes; entre ellas, las que hicieron horas de cola en las calles andaluzas de San Fernando después que Carrefour anunciara la llegada de nuevos accesorios. Diez minutos bastaron para que se agotaran. ¿Resultado? Tirones de pelo, empujones, agarrones, peleas entre padres por quitarse las cajas de las manos, lloros por el mal rato, camisas rotas... No es todo: hay locales que aumentan su precio muy por encima del valor real de las muñecas, y padres que llegan a ofrecer hasta 100 euros por lograr adelantar puestos en las listas de reserva. La ley del todo vale se implanta en la conciencia de quienes buscan encontrar la felicidad en lo material.

 

 

 

 

 

 

 

 

Los valores, para más tarde.

No soy quién para decir cómo deben educarse los hijos, pero... ¿Hasta qué punto la gente puede dejarse llevar por una muñeca (o el fenómeno estrella de turno)? ¿Vale todo por un capricho? ¿Dónde quedan los valores? Somos los mayores quienes debemos dar ejemplo; y si en lugar de eso hacemos más de 100 kilómetros en coche, nos peleamos por una adolescente vampiro, y somos capaces de pagar 100 euros por algo de 20 es que algo no funciona bien.

¿En realidad es necesario llegar a las manos por una muñeca? En medio de esta fiebre dividida entre la crisis y el consumismo deberíamos sentar la cabeza y ponernos a pensar fríamente. Reventas por un regalo, peleas por un trozo de plástico, pérdida de valores por un capricho de navidad. ¿Tenemos la cabeza centrada?

La Navidad es para la familia, los amigos, la pareja... Para todo lo que nos sea importante. Pero desde que los centros comerciales se empeñaron en teñirlas de materialidad, la raza humana no deja de sorprenderme. Si cuando los niños abran los regalos no está su primer capricho, tendrán unos minutos de rabieta. No perderán autoestima, no tendrán traumas y estarán abocados al fracaso escolar. Simplemente, tendrán otro regalo que no es el que querían como primera opción. Porque en nuestro mundo somos así: materialistas por necesidad y, casi, por instinto.

Las peleas, los tirones de pelo, los insultos y las 5 horas de camino por una muñeca no tienen justificación. Con ello no se está dando lo mejor a los hijos, ni se les demuestra más amor.

La Navidad y los regalos van de la mano. Así que intentar conseguir el mejor regalo no es, ni mucho menos, un pecado... Es un acto de cariño hacia alguien que queremos. Hasta aquí todo normal. Pero de ahí a perder los valores y la educación por una tendencia me parece fuera de lugar.

De aquí a unos meses esas muñecas que están en lo más alto del podio, ocuparán el fondo de los armarios y cajones. Allí les están esperando las otras estrellas estrelladas de las navidades pasadas. Y mientras, seguiremos poniéndonos en forma para luchar por el siguiente regalo en peligro de extinción.

 

Eli Parera Campins.
Periodista.

 

 

 

 

 

 

twitter.com/CanoAdvocats
 

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Hijos.

No tengo hijos y por el momento no tiene uno muy claro eso de si reproducirse o no, principalmente por la responsabilidad que ello supone y las dudas respecto a si se está o no dispuesto a/ y preparado para/ dedicar el tiempo necesario a tan ardua tarea.

El fenómeno de marcas , o"branding" ha hecho de las personas consumidores autómatas.
Lo peor es que este legado ha pasado a los más jóvenes, siendo los niños una influencia prominente en las decisiones de las compras en el hogar. Cáda país tiene sus estadísticas, pero sin duda es un sector alto y que va en aumento.

Tremendo ejemplo de seguir ciégamente a las celebridades y consumerismo desenfrenado y desechable que les estamos pasando a la próxima generación.
Va mano a mano con el bombardeo de anuncios de cómidas chatarras y la obesidad. El mercadeo y las relaciones públicas tienen mucho por qué responder.

Muy buen escrito, Eli P. C.
Gracias, Cano.

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