Sin Rastro: Delincuentes, Internet e Impunidad.
Un día cualquiera en una hora cualquiera me dispongo a mirar el correo electrónico. Tengo unos cuantos mensajes por leer: algunos personales, otros profesionales, y otros con divertidísimas cadenitas que, por supuesto, no hace falta explicar en que consisten. Pero hay otra clase de emails que, en caso de ser ciertos, harían de mí una chica muy afortunada. Pero no. No es el caso. Y no me refiero a mi grado de fortuna, sino a la veracidad de esos correos.
En uno de ellos, ya bastante conocido, me informan de que alguien con quien parece ser que algún día compartí línea hereditaria, y que bien podría ser algún miembro de la descendecia un tío primo de un abuelo del hermanastro de mi bisabuelo o algo así, ha muerto. Me da mucha pena pero sigo leyendo... “Uau! Ahora soy rica! Y ya no siento tanta pena”. Si más no, es lo que intenta querer decirme el mensaje en cuestión. Está escrito en inglés, y firmado por un nombre que no he oído en la vida, pero eso es lo de menos. La cuestión es que por mi cara bonita -ah no, por el familiar lejano ese al que no conocía- soy rica. Tan solo debo mandar mis datos personales y posteriormente un ingreso para que ellos, las buenas personas que me informan de mi riqueza, sepan donde hacerme entrega de la fortuna. Pero nada de eso es cierto, y tan solo se trata de uno de los más de 220 fraudes de la Red que han sido detectados por el Observatorio de Internet.
Como este email que efectivamente ha llegado a mi correo seguido de otros muchos parecidos, hay muchísimos tipos de engaños más que han encontrado en Internet y las nuevas tecnologías una puerta muy grande por la cual se accede a un nuevo mundo aún por exprimir. Atractivas ofertas de trabajo en las que ganar miles de euros sin experiencia previa en el sector es de lo más sencillo. Productos a muy bajo precio acompañados de condiciones con letra pequeña. Muy pequeña. Casi invisible. Pero que puede hacer que te acabe por costar muy caro. Como un chico que compró un móvil y le llegó una caja de galletas. Llena, eso sí. O mensajes engañosos camuflados en atractivas publicidades que por 'sorpresa' llegan a nosotros. No hay fin.
Fraudes para todos los gustos.
Los fraudes mencionados arriba solamente forman parte del principio. Hay muchos otros: un mail que te confirma ganador de un viaje pero donde tienes que abonar antes dinero; teleoperadores que llaman para decirte que, justamente tú, has ganado un concurso en el que ni siquiera habías participado; y muchos fraudes más. Contratos ficticios. Spam. Un mensaje de voz de un supuesto amigo a quien le gustas pero que en lugar de mandarte una carta, mail, sms, mms, o llamarte, pues prefiere usar un sistema muy complicado y que necesita que llames al 905. Falsos técnicos de las páginas amarillas. Premios en la lotería. Presuntos paquetes a nuestro nombre que hay pendientes de entrega, pero que necesitan un ingreso a un determinado número de cuenta por nuestra parte. Atractivos anuncios publicitarios para nuestra empresa, en una revista que leerá muchísima gente pero que en realidad no existe. Recargas de saldo en páginas de Internet que resultan ser propiedad de algún delincuente que se apoderará de nuestros datos personales y bancarios. Falsas fábricas de universidades ficticias... La lista es larga y, sus víctimas, interminables.
Y es que día tras día hay alguien dispuesto a hacernos confundir delitos con gangas. Sea por correo electrónico, a través de páginas web o, simplemente, a través del móvil, casi a diario somos bombardeados por mensajes procedentes de gente con malas prácticas que intenta acosarnos a base de engaños; unos más grandes y otros más pequeños. Pero al fin y al cabo, engaños. Siempre han existido pero ahora, gracias a Internet y las nuevas tecnologías, han experimentado un auge importante. 'En la Red se puede cometer un delito sentado en el ordenador, tomando una cerveza y a 10.000 kilómetros de distancia', afirma Francesc Canals, Presidente del Observatorio de Internet.
Los novios cibernéticos.
Lo que está claro es que todos podemos ser víctimas de esos engaños. Por muy listos, guapos, cultos y enterados que seamos. Es como aquel anuncio de Coca-Cola: para los altos, para los bajos, para los que ríen, para los que lloran, para los estudiantes, para los soñadores... para todos. Y ese es el problema, que los fraudes sirven para todos. Porque puede que algunos de estos fraudes sean muy evidentes, pero hay otros tan perfectamente organizados que cualquiera podría dar por válidos. Porque gracias al anonimato y la internacionalidad que ofrece Internet, resulta muy sencillo poner en marcha un fraude. Y lo peor es que mientras alguno de ellos consiste en jugar con la ilusión y el dinero de la gente, muchos otros se aprovechan de los sentimientos de sus víctimas.

Es el caso de uno de los fraudes que más años tiene: el del estafador a través del chat. Hace tiempo vi un caso parecido en El Diario de Patricia, cuando aún se llamaba así. Entonces me pareció un caso aislado, pero que con el paso del tiempo se ha consolidado como uno de los engaños más comunes. En el programa en cuestión, salió una mujer que estaba enamorada de un chico al que había conocido a través del chat. Llevaban meses chateando. Estaban enamorados. Pero vivían lejos. Muy lejos. Así que quedaron en conocerse pronto para empezar una vida en común. Pero un día él dejó de escribir. Ella se quedó vacía, hundida. Pero él volvió a aparecer como si nada. Su madre estaba muy enferma y necesitaba dinero urgente. Dinero que, por supuesto, ella le dejó... Y no una vez. En ese caso el chico fue desenmascarado por sus propias mentiras, pero hay muchísimos más casos en que esas relaciones sentimentales quedan en estafas de alguien que ya tenía su vida montada y no le importó jugar con los sentimientos de quien había al otro lado de la pantalla. El fraude, conocido como 'los novios cibernéticos', obliga siempre al internauta a ayudar a su pareja virtual. 'Si me quisieras encontrarías la forma de estar conmigo', le dijeron a Robert Adda, de Ghana, quien explicó a la BBC que nunca pensó que su ciber novia fuera en realidad un estafador, explica Francesc Canals.
Un abanico de posibilidades.
Es muy difícil saber qué es considerado fraude y qué no. Pero el Observatorio de Internet lo tiene claro. Francesc Canals comenta: 'hay gente que dice: que curioso, ahora que me quería comprar un coche, recibo spam de ofertas de automóviles'. Y es que según ha identificado el Observatorio, el 50% de correo basura que recibimos son intentos de engaño. 'Hay programas que se dedican a capturar todo lo que tecleamos, crean un perfil y lo envían a una base de datos. Luego, se envía la publicidad segmentada', explica Canals. Es por eso que, por ejemplo, cuando buscamos trabajo en Internet, empezamos a recibir ofertas que ni siquiera habíamos solicitado y que necesitarían un reembolso previo de dinero. Yo he llegado a recibir spam donde quien lo enviaba era alguien conocido: yo misma. En la última semana he recibido 12 emails de mi misma en el que me ofrecen trabajar poco cobrando mucho: en los 12 emails me ofrecen el mismo trabajo pero todo ellos tienen sumas diferentes de dinero. En uno ganaría 1.217 euros, mientras que según otro me llevaría 1.348 euros, en otro 1.257... y aún quedan nueve cifras más por escribir. Según me avisa mi servidor de gmail, se trata de un ataque de 'spoofing' o suplantación de identidad. Es decir, alguien ha falsificado la dirección de respuesta del correo saliente con el fin de ocultar el verdadero origen del mensaje. Y en su lugar, ponen mi nombre, que parece que es más bonito.
Por otra parte resulta ridículo hacer caso de esos emails, pero por desgracia no todas las estafas son tan evidentes como esta o la del tío abuelo de mi primo que lamentablemente murió aunque para mi alegría la heredera de su fortuna soy yo, dado que estábamos muy unidos.
Pero sigue habiendo otras estafas que crecen cada vez más. Es el caso del aquiler de pisos, donde el supuesto dueño pide al interesado que haga un envío de dinero a algún familiar o conocido a través de alguna compañía internacional de transferencia de dinero, con el argumento de que solo quieren comprobar que el inquilino tenga dinero para pagar un depósito. Así lo afirman desde el Observatorio de Internet. Con el recibo escaneado o la documentación falsa, el timador se hace con el dinero rápidamente. 'Me agarró desprevenida porque no me pedía que le enviara directamente el dinero. Se lo envié a mi hermana', explicaba Alexandra Sheppard, una de las víctimas de esta estafa.
Otro caso de engaño es el la compra venta de productos. Desde adquirir un artículo que ni siquiera existe, hasta que el producto que uno ha comprado no tenga nada que ver con el que le especificaron. Un ejemplo es el de un joven que pensó que compraba un teléfono móvil y recibió un tarro de galletas. El comprador perdió una demanda porque en las condiciones del contrato, con letra pequeña incluída, había una cláusula que el usuario firmó y en la que aceptaba pagar US1.000$ por una caja de galletas.

Pero a éstos, les siguen muchos más que se encargan de quedarse con el dinero de quien no sabe que lo está dando. Como el mensaje que alguna vez todos hemos recibido y que dice así: un amigo le ha enviado un mensaje de voz. Para escucharlo debe llamar al 905******. Si llamamos, nos cobraran entre 3 o 4 euros por el intento.
Lo mismo pasa si recibimos un correo informándonos que hemos ganado un viaje o una moderada cifra de dinero a través de un concurso on-line. Deberemos llamar a un número de teléfono que nos facilitan, pero en realidad es un número de tarificación especial de características similares a las del 'amigo invisible'. Hay otro caso, el del técnico de la guía teléfonica, en que nos llaman al teléfono fijo (éste es ya un mundo a parte que merece un artículo para él solo) para decirnos que necesitan verificar el estado de nuestra línea. Para eso deberemos marcar el código que ellos mismos nos dirán... Un código que sirve para que el estafador pueda realizar una infinidad de llamadas a cobro revertido. La víctima se dará cuenta una vez haya llegado la factura.
Víctimas perdidas en la red.
Pero aparte de cometerse fraudes, Internet sirve también de soporte a los afectados. En este caso, existen múltiples foros o páginas de denuncia destinados desenmascarar a las empresas fraudulentas que, ante la mala imagen que ofrecen de ellas los usuarios, cambian de nombre para no verse afectadas. Y es el pez que se muerde la cola. Internet sirve de plataforma, de espacio de denuncia, de desahogo... Pero de poco más. Y es que la víctima muchas veces se siente indefensa porque el engaño o bien es difícil de demostrar, o bien se encontraba incluído en la letra pequeña, o bien el estafador no es localizado nunca.
En América Latina han ido un paso más allá, y ya existen organismos gubernamentales como la policía cibernética que patrulla por la red y ofrece consejo y ayuda a los afectados por fraudes, comenta el Presidente del Observatorio.
Andrés Velázquez, fundador y director de Mattica, el primer laboratorio de investigación de delitos informáticos, afirma que 'no es un problema de tecnología' sino un problema ' de gente'. Según él, Internet no es más que un reflejo de la sociedad y, como en la vida real, también existe la delincuencia.
Aún así, hay algunos elementos para darse cuenta de que algo no es de fiar: 'la ausencia de datos de contacto, un método de pago sospechoso o el hecho de que actúe de manera transnacional', explica Francesc Canals. Y es que si Internet ofrece un abanico de posibilidades para que nosotros, los cosmopolitas del siglo XXI, podamos tener todo y cuanto deseamos; también existe otro abanico de igual proporción para aquellos delincuentes que no tienen ganas de salir a la calle para atracar a mano armada. Así es más sencillo e igual de efectivo.
Elisabet Parera Campins.
Periodista.
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