Secretos a Voces: Un Espía en la Pareja.
Es tu aniversario. Llegas a casa y te sientas en ese sofá que tantas conversaciones ha escuchado. Entonces aparece tu pareja con un paquete en la mano... Es tu regalo. Lo abres y es un bonito bolso, o un hermoso cinturón de piel. O tal vez sea un bonito bolígrafo junto a un reloj de última generación, o un sofisticado despertador. ¿Tendrías motivos para desconfiar? Aparentemente no, ¿verdad? Pues a partir de ahora quizá deberías hacerlo, y es que por algo todos los estudios señalan a los españoles como los más celosos de Europa.
Parece que para muchos quedaron lejos esos tiempos en que la confianza era la base de una relación y, el respeto, el eje imaginario sobre el que ir avanzando. Ahora, y gracias a Internet, ser celoso en exceso ya no es sólo algo que marcará indiscutiblemente una relación, sino que además servirá de excusa para invadir la privacidad del otro.
Dijo Molière que el celoso ama más, pero el que no lo es ama mejor. Sería un buen punto de partida para dar la bienvenida al negocio que se lucra de aquellos amantes que se alimentan de las dudas: el espionaje conyugal. Y es que ese bonito bolso podría ser en realidad un GPS que se encargará de vigilarnos; y el cinturón, al igual que el bolígrafo y el reloj, puede incluir un grabador espía oculto que permitirá registrar todas las conversaciones. El elegante despertador, por otro lado, estará dotado de imagen y voz. Son las llamadas armas o gadgets de espionaje del siglo XXI, que se pueden encontrar en el mercado desde el módico precio de 50 euros las más sencillas, hasta llegar a los 2.500 euros las más sofisticadas.
Pero aunque el espionaje es un delito, hay cientos de páginas web dedicadas al tema, con programas, ideas, consejos y objetos para enterarse de todo lo que hace el otro miembro de la pareja. En algunos casos la infidelidad es confirmada y, en otros, simplemente no se encuentra nada. Sea cual sea el caso, se acaba creando un círculo vicioso que se alimenta de las dudas e impide al ya espía dejar lo que empezó. Para el caso del infiel, también hay solución: cientos de empresas se encargan de ofrecer coartadas perfectas para cada ocasión: desde coches privados que recogen al infiel a su domicilio y lo llevan a un supuesto aeropuerto, hasta facturas de hoteles de negocios de otras ciudades, y falsificaciones de visitas médicas. Internet ha puesto a nuestro alcance la otra cara de la moneda: convertirnos en el ojo que todo lo ve. Aunque esto pueda costar hasta cuatro años de cárcel.
El autor del reportaje España, un país de infieles por naturaleza, el periodista Francesc Canals, pone al descubierto como el 'espionaje conyugal es un fenómeno subterráneo, a menudo caracterizado por su discreción y anonimato' pero que 'cuenta con un número importante de adeptos y practicantes en nuestro país'. Canals, director del Observatorio de Internet y de la Agencia para la Picaresca, afirma además que 'hurgar en la lista de SMS enviados o recibidos, espiar la correspondencia que recibe el cónyuge, leer los papeles o anotaciones que nuestra pareja olvidó en el bolsillo del pantalón, u oler la ropa en busca de una fragancia y olor ajenos se han convertido en prácticas habituales que se repiten diariamente en miles de hogares de todo el país'. Y es que, según afirma Francesc Canals, 'para muchas almas celosas saber con quién se relaciona nuestro cónyuge puede llegar a convertirse en un auténtico tormento personal'.

Desde programas para móviles, a tests de infidelidad.
Muchas son las empresas que han visto un suculento negocio en la venta de artilugios de todo tipo. Y es que 'la proliferación de la tecnología, la telefonía móvil, el uso del buetooth, y la accesibilidad y cercanía de Internet facilitan la posibilidad de espiar al ser amado de manera más discreta, efectiva y precisa que en décadas anteriores', sentencia Canals.
Una de cada tres mujeres afirma haber mirado los SMS del móvil de su pareja; un gesto que, según el periodista, 'realizan miles de personas en nuestro país'. Pero ahora, y con Internet como aliado, se puede ir más allá con anonimato y discreción. Es por eso que la demanda ha obligado a potenciar una oferta que cada vez es más amplia.
Uno de los gadgets más usados es el Blue Tooth Spy, un programa que permite monitorizar el teléfono móvil del cónyuge. Su funcionamiento, explica Canals, es sencillo: 'tras instalar este dispositivo en el móvil de la contraparte afectiva recibiremos una copia de todos los SMS enviados o recibidos desde su terminal'. Incluso en Youtube hay vídeos que enseñan como instalarlo correctamente.
Otra de las aplicaciones con más éxito en el mercado por su fácil instalación y su bajo coste es la que sirve para registrar cualquier tipo de información que se introduce a través del teclado del ordenador. Es decir, la aplicación se encarga de grabar 'en un fichero log no solamente los datos tecleados, sino también la ventana donde se introdujo dicha información, el título de la misma, la fecha y la hora'. Así es como lo describe una de las webs que lo vende: www.espiaatupareja.com. Además, el programa es capaz también 'de reconocer caracteres especiales del idioma, grabar a varios usuarios y controlar las aplicaciones que se ejecutan'. Y, por supuesto, 'todo ello permaneciendo invisible al usuario bajo vigilancia'.
Un poco más sofisticado pero de igual éxito es el Check Mate, un producto que se utiliza para probar 'científicamente' la existencia de una infidelidad. El director del Observatorio de Internet lo describe como 'un compuesto químico que permite saber si el cónyuge ha mantenido relaciones sexuales durante las últimas 48 horas'.
En la misma línea está el spray revelador, un producto químico que permite leer el interior de sobres y cartas sin necesidad de abrirlas. 'El líquido rociado se evapora en unos 30 segundos sin dejar ningún tipo de rastro en la superficie del papel', dice Canals. A parte de eso, las ofertas son infinitas y uno puede encontrarlas con solamente teclear la palabra 'espionaje' en la red, donde aparecen ofertas para todos los gustos.
Penas de cárcel de hasta cuatro años.
Hay diferentes grados de espionaje conyugal, pero pocos están libres de él.
Hurgar en la carpeta de elementos recibidos, mirar en el historial de páginas visitadas, o intentar acceder al hilo de conversaciones mantenidas suponen 'auténticas vulneraciones a la intimidad'. Y es que, tal y como afirma Francesc Canals, 'en muchos casos el cónyuge se declara moralmente autorizado a entrar en la cuenta de e-mail de su pareja sin saber que está incurriendo en la comisión de un delito de revelación de secretos y exponiéndose en caso de litigio a una fuerte sanción por parte del juez'.
En este sentido, el Código Penal de 1995 vigente todavía hoy en España se muestra intransigente con el espionaje. El artículo 197.1 no deja lugar a dudas: 'el que para descubrir los secretos o vulnerar la intimidad de otro, sin su consentimiento, se apodere de sus papeles, cartas, mensajes de correo electrónico (...) será castigado con las penas de prisión de uno a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses'. A parte, el artículo 197.3 deja claro que 'se impondrá la pena de prisión de dos a cinco años si se difunden, revelan o ceden a terceros los datos o hechos descubiertos o las imágenes captadas'. Eso sí, el artículo 201 manifiesta que 'será necesaria la denuncia de la persona agraviada o de su representante legal'.
A todo esto, uno no debe dejar de preguntarse qué ha sido de los valores humanos en una sociedad que se preocupa más por controlar todo y cuanto tiene a su alcance, que limitarse a sentir y confiar con quien un día decidió compartir su vida. Ese sofá donde un buen día somos sorprendidos con un regalo aparentemente normal, puede dar lugar a momentos de intimidad. Ese sofá puede pasar a ser testigo no solamente de conversaciones vacías de significado, sino de momentos de sinceridad y fidelidad. Momentos de confianza y seguridad. Momentos de reflexión. Y esta reflexión pasa por un punto intransigente: si una vez fuimos adultos para escoger libremente a la persona con quien compartir nuestra vida, también debemos serlo para saber comunicarnos con ella sin necesidad de recurrir a la vigilancia extrema. Porque entonces el amor deja vía libre a los fantasmas. Y éstos, acaban por romper una relación que desde el momento en que uno traiciona al otro, deja de tener sentido.
Eli Parera Campins.
Periodista.
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