Pepe Hucha, el mejor...

El mundo del fútbol es un tema que cada vez me ha ido interesando menos y que ya creía, a estas alturas, tener superado. De apasionado en mi adolescencia he ido pasando a una indiferencia bastante matizada, ya que tengo que reconocer que todavía me lo miro por el rabillo del ojo, sintiendo un tirón blaugrana bastante fuerte, y directamente proporcional a un antimadridismo que me sale por las comisuras. Pero siempre de buen rollo, ehhh!!!
En mis planes nunca hubiese entrado escribir en este blog un artículo relacionado con el fútbol, pero creo que en esta ocasión, el personaje lo merece.
Josep Guardiola i Sala, una rara avis en este circo que nos permite salir de los anodinos tópicos y típicos comentarios de futbolistas, entrenadores y presidentes, cuando tienen una alcachofa delante, “el fútbol es así”, “en el campo somos once contra once”, “no hay enemigo pequeño”, “nos hemos dejado la piel en el campo”, ……..
Cuando Guardiola entra en una sala de prensa es como una bocanada de aire fresco, y excepcionalmente se escucha a alguien del fútbol encadenar unas cuantas frases con sentido e interés lo cuál, así de entrada, ya es de agradecer….
Pero es que además, pienso que lo podemos tomar como referencia en cuanto a la filosofía que por ejemplo cada abogado debe aplicar en su día a día, respecto a él mismo en su trabajo y a la dirección y/o gestión de su despacho, o en relación a la dirección y/o gestión de su despacho y el equipo que tiene a su cargo, o respecto a cualquier otro trabajador de lo que sea o empresario o jefe de personal, e incluso como filosofía de vida.
Una filosofía que voy a intentar sintetizar en unas cuantas notas, y que son las siguientes:
• Siempre da y exige el máximo.
En cada minuto, en cada acción de cada entrenamiento y de cada partido, sea cual sea el rival. Respetando al contrario por pequeño o inferior que sea, siempre destaca las virtudes que tiene o lo que saben hacer mejor, y el mensaje para sus juradores es que “si hacemos las cosas como las hemos de hacer habrá pocos equipos que nos ganen, pero sino nos puede ganar cualquiera”, “en el momento que empecemos a pensar que somos mejores que ellos ya estaremos empezando a ser menos fuertes de lo que podemos ser”;
¿Alguna vez no le ha pasado a algún abogado que en un tema que parecía muy sencillo, haya entrado a la sala y le hayan hecho un traje?
No miro a nadie. Pero el primero… que tire la piedra o algo así era ¿no?
• Reconoce los meritos, tanto individual como colectivamente, y lo hace en público, con luz y taquígrafos.
En muchas ocasiones, y sin que nadie se lo pregunte, él destaca a determinados jugadores individualmente, de forma expresa, o determinados aspectos colectivos del juego del equipo que a él le han gustado.
Existe la idea muy extendida entre los “jefecillos” de que no hay que elogiar al trabajador, que la mano dura es lo mejor, no vaya a ser que elogiándolo se lo vaya a creer mucho, o peor todavía, me vaya a pedir un aumento de sueldo.
Es tan importante, o más, un reconocimiento que una bronca;
• Tiene contento a todo el grupo, porque hace que todos se sientan importantes.
Utiliza un sistema de rotaciones que aunque no evita que, claramente, unos jugadores jueguen más que otros, no deja a ninguno en el ostracismo total, cosa que hasta ahora ningún entrenador había conseguido, con lo cual todo el grupo está implicado, motivado, y rema a la vez.
• Educación, respeto, ausencia de prepotencia, y derroche de sentido común, humildad, paso a paso. Paso corto mirada larga.
No ir más allá del próximo objetivo, el grupo sólo debe pensar en el próximo partido. Él y sus ayudantes son los que tienen que planificar y dosificar a la plantilla a medio y largo plazo.
• Capacidad para asumir Responsabilidades. Cuando han venido mal dadas no ha tenido problema en ponerse delante de todo el mundo y presentarse como primer y máximo responsable, sin eximir totalmente de responsabilidad a los jugadores, ya que lo contrario tampoco sería creíble.
Son significativas frases como: “mejorarán porque sé que me escucharán”, “estoy tranquilo porque sé lo que hemos hecho mal”, “yo soy la vaca sagrada de este equipo”,…
Actuación paradigmática de lo que debe ser el ejercicio de un liderazgo sano, moderno y no una tiranía despótica y prepotente en la conducción de grupos, que combina el continuo impulso de la motivación con la máxima exigencia bien entendida del esfuerzo, la solidaridad grupal, la asunción de responsabilidades y el reconocimiento de los objetivos logrados, todo ello con la permanente intención de crecer y mejorar cada día.
* Relacionado con este artículo, el publicado por El Periódico de Catalunya, en fecha de 17 de abril de 2.009, por Antoni Bassas, titulado Los éxitos nunca son casualidad.
Para leer clickar aquí www.elperiodico.com/default.asp
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