Nos Vendría Bien Ser Un Poco Pulpos.
Decimos que alguien es un poco pulpo cuando suele tener la mano demasiado larga y toca más de la cuenta. De esos ejemplares encontramos muchos en las discotecas, por poner un ejemplo. Pero a partir de ahora podríamos usarlo para referirnos a alguien con cabeza. Los seres humanos nos las damos de inteligentes y, de hecho, en cierto modo lo somos. Sino, no se explicaría la evolución constante que estamos sufriendo desde nuestros inicios. Pero no debemos subestimarnos. Seremos los únicos animales con capacidades oratorias, y los únicos que nos creemos con la suficiente superioridad para destruir la vida de los que se sitúan más abajo en nuestra escala depredadora. Pero no nos equivoquemos.
Tenemos por costumbre, hablando de nuestra raza en general, usar la violencia por encima de la reflexión. Y no dudamos en invadir un territorio, una ciudad o un país si hace falta: el territorio, ciudad o país de nuestros semejantes. Nos destrozamos los unos a los otros. Y de hecho las películas americanas - y ya también las que no lo son - se empeñan en mostrarnos ametralladoras, pistolas, artes marciales varias y un sinfín de posibilidades para acabar con un adversario a base de violencia.
Nuestros líderes - porque no dejamos de ser seres jerárquicos con nuestra particular abeja reina - han sufrido los ataques de aquellos que a su vez se han sentido atacados. Gerorge Bush recibió un zapatazo durante una rueda de prensa iraquí; país que invadió buscando algo de más que dudosa existencia. Más tarde el presidente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, también probaría tan 'dulce' medicina recibiendo otro zapatazo mientras se encontraba en una librería. Bill Gates recibió hace más de diez años un tartazo durante una conferencia en Bruselas; y el acto se repitió dos años más tarde con el ex canciller alemán Helmut Kohl. El presidente de Bolivia, Evo Morales, también ha vivido en propia piel la eficacia del método. En 2005 el ex ministro de defensa José Bono fue víctima de otro intento de agresión durante una concentración de la Asociación de Víctimas del Terrorismo en Madrid. Y por no hablar de los intentos de asesinato del ex presidente Ronald Reagan y el que fuera Papa, Juan Pablo II. La lista sigue, pero todos los casos comparten un denominador común: la violencia. Es por eso que, como digo, nos vendría bien ser - de vez en cuando - un poco pulpos.
A parte de ser considerado como animal de compañía por un conocido anuncio de un juego de mesa, y de ser tratado como algo un poco sobón y pesado, parece tener más cabeza - obviando la realidad - que muchos de los que están al frente de todos nosotros. Y es que hoy he leído una noticia que no ha dejado de sorprenderme. El titular rezaba así: Descubren en Indonesia el primer pulpo del mundo que utiliza herramientas. La herramienta en cuestión son las cáscaras del coco que los lugareños lanzan al mar y que los pulpos usan para camuflarse de los posibles peligros. No se trata de algo casual sino que, además, con la ayuda de sus tentáculos lo levantan y se lo llevan a cuestas para cuando lo puedan necesitar. Por si fuera poco, lo arrastran hasta encontrar la otra mitad del coco, gracias a lo cual consiguen meterse dentro de una mitad y taparse con la otra.
No es la primera vez que estos invertebrados desconciertan a los científicos, pero en esta ocasión el juego de palabras está a la altura de cualquier circunstancia. Nosotros, tan cultos como parecemos, somos capaces de matar teniendo conciencia de lo que eso significa. Nosotros, que tan evolucionados parecemos, no dudamos en apoyar un bando u otro cuando los dos se rigen por la violencia. Nosotros, que presumimos de tener el cerebro más desarrollado de todo el planeta, nos estamos quedando atrás. Evolucionamos pero mantenemos la mente en la prehistoria, cuando la falta de razonamiento provocaba la más absoluta masacre. Y mientras aquí arriba no ha cambiado nada y seguimos destruyendo lo que creemos nuestro y es de todos, allá bajo el mar, una especie sigue evolucionando hasta tal punto que su ingenio empieza por hacerlos más inteligentes. Y es que si pensábamos que los seres más astutos éramos nosotros, me atrevo a decir que llevamos tiempo estando equivocados. Porque mientras después de 21 siglos nos empeñamos en dejar a un lado la racionalidad para ensalzarnos en cualquier batalla; más abajo, especies como el pulpo, están dejando de lado sus instintos para empezar a usar 'el coco'. Y la diferencia en los resultados saltan a la vista.
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