Goleada por Ventaja.
Los imaginaba como unos hooligans que se dedican a beber cuando oscurece. Pero reconozco que me equivoqué. Hace una semana iba en el avión rumbo a Londres con la idea de conocer como sería la ciudad más grande de Europa, y he vuelto enamorada de la magia que se respira en sus calles, en sus bares, y en sus inmensos jardines llenos de vida. En el fondo son afortunados. Y lo saben. Por eso no me bastó más que un día para darme cuenta que el mito de fiesta y alcohol no definía a todos los ingleses.
Tuve dudas al tirar la primera colilla. Buscaba rastros de otros fumadores con el mismo problema, pero no había manera. O allí no fumaban o lo sabían disimular muy bien. Era lo segundo. Necesité dos horas para apreciar los ceniceros que, colgados en la pared como cualquier buzón, hacían que aquellas calles estuvieran siempre limpias. 1 a 0. En ese momento descubrí que nos llevaban un mundo de ventaja. La ley antitabaco prohibía fumar en cualquier lugar público o, dicho de otra manera, la calle era el único sitio donde uno podía aspirar nicotina. En un primer instante maldije la ley… hasta que entre en el hotel, en el restaurante, en el metro, en los pubs… y respiré un aire tan puro que me alegré de la prohibición. Ya van 2 a 0.
Es una ciudad grandiosa. El metro pasa a cada minuto. Y no hay un solo lugar desierto. Pero aún así me sorprendió la tranquilidad que había en sus calles. Mucha gente y poco ruido. Muchos pasos y ningún codazo. Mucho trabajo pero poco estrés. Uno pasea por Barcelona y respira las prisas. Uno pasea por Londres y se acomoda a su ritmo pausado. Genial para no acabar de los nervios… ¿Vale para un 3 a 0?
Me dijeron que no había fiesta. Otros me comentaron que ésta terminaba pronto. Ni una cosa ni la otra. Empieza pronto, pero no se sabe cuando acaba! A las ocho de la tarde las zonas donde hay pubs cobran vida. Pronto para una ciudad que oscurece cerca de las 22h y amanece alrededor de las 4h. Pero lo que me sorprendió fue ver los pubs vacíos y los alrededores de los locales abarrotados de gente con jarras de cerveza. Dudé al salir del pub con el vaso de cristal, e incluso con el tubo de cerveza, pero allí parecía normal. Y lo más curioso es que no había señales de cristales rotos. Mmm… ¿vida social de fiesta pero en la calle y sin rastro de discusiones ni vasos rotos? Creía que los ingleses eran aquellos que cuando venían a Barcelona a ver a su equipo de fútbol dejaban las calles inservibles. Pero allí no parecía que aquello fuese con ellos. Será cuestión de adaptarse a lo que se lleva en cada ciudad. Apunto un 4 a 0!
Y hablando de puntuaciones, me quedé asombrada cuando un centenar de ingleses que tenían la vista puesta en el Manchester – FC Barcelona aplaudieron tras el pitido final que daba la Champions a los azulgranas. Desconozco si era un ejemplo de humildad o un efecto de embriaguez, dado que las jarras de cerveza circulaban sin cesar, pero sea por lo que fuera, sonreí. No sumaré punto, simplemente era una apreciación.
Me sorprendió también ver una ciudad con tanto movimiento, con tanta gente arriba y abajo por muy pausada que fuera. Me sorprendió comprobar como las horas punta en el tráfico existen en todos los países, pero me sorprendió más el peaje que tienen que pagar los conductores para acceder al centro de Londres. Un centro limitado a taxis, autobuses, y unos pocos que acceden a pagar. Sin duda, se agradece. Y sin duda, se merece un 5-0. Ligado a esto me sorprendió como una ciudad tan grandiosa puede permitirse ‘el lujo’ de tener unos espacios verdes tan enormes como los que tienen. Hyde Park fue posiblemente lo que más que cautivó. Y no por sus jardines -que también-, sino por la metáfora de encontrar la tranquilidad rodeada de árboles, ardillas y patos en una zona que parece alejarte del bullicio que hay a pocos metros. Un placer más que un lujo. Los constructores españoles se fregarían las manos al ver tanto espacio sin edificar. 7-0.
Y podría seguir con la lista, pero sería eterna. Por el contrario también podría equilibrar la balanza, pero seguiría habiendo estos puntos destacados que me han llevado a preguntarme una cosa: ¿Cómo dos países, separados por poco más de 1.30h en avión y unidos por un túnel construido bajo el mar, pueden ser tan distintos? ¿Por qué resaltar los destrozos que algunos turistas puntuales ocasionan en nuestras calles, cuando podríamos estar tomando ejemplo de una ciudad tan pionera en campos tan esenciales como el del civismo? Sí. De Londres me sorprendieron sus calles, su magia, su gente, y sus precios. Pero me sorprendió más encontrarme con una imagen limpia cuando me la habían pintado sucia. Dicen que hay que barrer para casa. Y aquí no vendría mal coger la escoba.
Elisabet Parera Campins.
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