Dejar los Días en Manos del Azar.

Piensas en tu mañana antes que se acabe el hoy. Cierras los ojos, y lo siguiente que sucede es que está amaneciendo de nuevo. Y te levantas. Desayunas. Piensas en el día que tienes por delante, y afrontas las primeras pinceladas de claridad con más o menos ganas. Te duchas, te arreglas, y sales a la calle con más o menos prisa... depende del día.

Te ves con energía para vivir un día igual pero diferente al anterior. Sabes que el ritmo será el mismo, la agenda probablemente estará marcada por las mismas tareas, que te llevarán de casa al trabajo y del trabajo a casa. Comerás, cenarás, desconectarás, quedarás con alguien, y te acostarás de nuevo sabiendo que manaña seguramente será igual.

Me resisto a llamarle rutina. No lo es. Quizás lo sería si, como los robots, estuviésemos programados para hacer lo mismo a todas horas; para repetir un 'buenos días' a las nueve de la mañana el resto de nuestros días. Pero - y esto es lo que más me gusta de la vida - está el factor sorpresa. Y me encanta.

 

 

 

 

 

Sales de casa sabiendo lo que tienes que hacer, pero no lo que harás. Te encuentras una persona que te obliga a abrir los ojos de buena mañana, aún más pendientes del calor de las sábanas que de la realidad de un nuevo día. Lees en el diario cualquier noticia que, por una razón u otra, te ha cambiado la perspectiva del día. Eliges un perfume que hace que encares las cosas de una manera distinta... Simplemente, pasa algo que hace que tu día sea especial.

Y es por eso que debemos disfrutar de la vida. Sí, siempre están los grandes sueños, aquellos que tienen que traernos la gran felicidad... Pero aquí nos equivocamos. Son las pequeñas cosas, como tomarte una taza de chocolate caliente tapado con la manta en un día de lluvia, o besar a esa persona que te hace sentir especial, las que harán que seamos más felices. Porque como dice una de mis citas favoritas: la felicidad no es una meta, sino un estilo de vida.

Y es que no será el tiempo quien, por mucho que así lo creamos, se encargue de poner la etiqueta de rutina a nuestra vida. Seremos nosotros. Y de nosotros depende mostrarle nuestra mejor sonrisa a la vida por mucho que a veces nos cueste. Somos afortunados solamente por estar aquí, y de nosotros depende seguir siéndolo. Porque como dijo uno de los símbolos de la literatura universal, el escritor francés Marcel Proust, 'los días son quizá iguales para un reloj, pero nunca lo podrán ser para un hombre'. Así que cuando acabes de leer este artículo, talvez hayas conseguido romper esa rutina y pensar en seguir haciéndolo. La satisfacción que se consigue al hacerlo, es infinita.

 

Elisabet Parera Campins.
Periodista.

 

 

 

 

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