Algo Está Cambiando. La Explosión del Planeta.

Decían los mayas que en el 2012 nos tendremos que despedir del mundo tal y como lo conocemos. Deberemos esperar un par de años para ver el grado de acierto de las predicciones, pero lo que sí podemos ir haciendo es darnos cuenta de que el mundo en sí ya ha cambiado: lo hemos cambiado nosotros. A veces para bien y otras para mal, pero estamos en constante evolución a menudo caracterizada por una falta de moralidad absoluta.

Ahora tenemos un volcán de nombre impronunciable que ha entrado en erupción provocando un caos aéreo en toda Europa. Tenemos una Iglesia cuyos cimientos empiezan a notar demasiada presión desde sus mismos pilares. Tenemos un juez juzgado. Tenemos prisiones en las que todo tiene un precio. Tenemos pequeños asesinos que aprietan el gatillo a cambio de 50 dólares. Y tenemos ciudadanos que miran hacia otro lado cuando un mendigo se desangra en medio de la calle. Por mucho que nos pese y por muy lejos que nos quede, cada rincón del mundo es parte de nosotros. Y todos estos ejemplos arriba citados no forman parte sino del guión de la película que durante los últimos diez días se proyecta en esta pantalla de cine gigante a la que llamamos realidad.

 

La explosión del planeta.

Primero un terremoto en Haití. Luego otro en Chile. Otro más en China. Inundaciones en el sur... Y ahora un volcán entre medio del hielo islandés que entra en erupción. Los ecologistas dirán que el cambio climático enseña los dientes. Los escépticos, que la naturaleza es cíclica y simplemente es habitual que haya catástrofes naturales. Yo, aunque me inclino por una postura intermedia entre las dos citadas, no voy a profundizar en este terreno.

Lo que sí está claro es que la nube de ceniza provocada por el Eyjafjallajökull ha obligado a muchos a plantearse en qué punto nos encontramos. Hace algunos años era impensable cruzar el atlántico sobre unas alas enormes de fibra de carbono, titanio y aluminio. Pero ahora, gracias a las consecuencias del volcán, sabemos que a diario hay más de 20.000 vuelos tienen lugar en nuestro planeta. Sabemos también que las empresas han cifrado en 1.270 millones de euros las pérdidas ocasionadas por una semana de paralización. Y que la Unión Europea ayudará a las aerolíneas pero no a los viajeros. También sabemos que ciertos medios de transporte se han aprovechado de la situación cobrando precios abusivos, y que determinados hoteles aumentaron las tarifas. En medio de este caos hay quien aprovechó para hacer su agosto en plena primavera. Hay quien demostró que el ser humano es avaro por naturaleza, y que la solidaridad es algo que se espera solamente cuando es uno mismo el afectado. Pero también hay quien apostó por los valores humanos y se ofreció a dar alojamiento y comida a los turistas retenidos en distintos países. Hay quien usó desinteresadamente su coche para llevar a familias enteras a sus residencias, como un chico barcelonés que llevó a unos irlandeses desde Lloret de Mar hasta su ciudad. La excepción que confirma la regla. Porque, una vez más, el pez grande se come al pequeño, y el ombligo es el punto de partida para decidir si hacer algo por los demás.

 

 

 

 

 

Elisabet Parera Campins.
Periodista.

 

 

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