Algo Está Cambiando. Delitos en Prisiones. Pequeños Asesinos. Víctima de la Sociedad (IV).

Delitos en las Prisiones.

Alcalá Meco no es un bar de carretera. Es una cárcel de mujeres. Pero parece ser que tanto los funcionarios como las reclusas no lo tenían del todo claro. Y es que en los últimos días se ha destapado una de las partes más frívolas del poder de la jerarquía.

'En Alcalá Meco tenemos dos condenas: la pena de prisión y soportar a los funcionarios'. Son las palabras de una ex reclusa de la cárcel madrileña al diario 20 Minutos. Y es que éste ha destapado que, en la cárcel, varios trabajadores obtenían sexo de las reclusas a cambio de favores.

Ya se ha destituido al director, al subdirector y al administrador por las 'irregularidades' cometidas. Pero las reacciones no han quedado ahí. Desde el Gobierno se ha pedido que se investigue lo ocurrido en Madrid I. Según informa el diario 20 Minutos, era frecuente que los funcionarios abrieran las celdas por las noches para estar con las reclusas.

Según informan los medios, hasta 14 funcionarios de los 150 que hay en Alcalá Meco -45 de ellos hombres-, podrían haber abusado de su cargo. Éstos obtenían sexo con las reclusas a cambio de dejarles usar el móvil o pasarles algo de droga. También habrían dado alcohol a las presas. En la cárcel hay 650 reclusas, la mitad de ellas extranjeras, de las cuales el 80% cumplen condena por tráfico de drogas. Todos coinciden en destacar que estos comportamientos eran conocidos por todos dentro del centro, pero hasta ahora nadie había hecho nada. Otro ejemplo más de como hay quien abusa del poder que se le conceda mientras mira su propio ombligo.

 

Pequeños Asesinos.

Cuatro emitió el 23 de abril un reportaje grabado en el corazón de Colombia, donde niños y jóvenes han crecido en la más real versión de Sin tetas no hay paraíso. De hecho, el país latinoamericano ha servido de inspiración al libro -y posteriormente serie televisiva- con el mismo nombre.

Allí las guerras entre barrios son una lucha diaria contra la muerte. Los niños crecen ansiando tener una pistola entre sus manos. Y los grandes del narcotráfico les brindan la oportunidad. No hay necesidad para ellos de mancharse las manos con sangre que no les pertoca. Y no hay necesidad de acabar entre rejas por un delito que puede cometer alguien que quedará impune: un niño.

Y así es como, a los nueve años, un chico llamado Felipe mató por primera vez a cambio de 350 dólares. Desde entonces ha matado a tres personas más. Y no es el único. En los barrios más pobres del país muchos de estos niños se acaban convirtiendo en sicarios, asesinando en ocasiones por 50 dólares. Les dan una foto, les facilitan los movimientos de la víctima, y les dan una pistola cargada. Ellos solamente tienen que apretar el gatillo. Un segundo que sirve para asesinar a una persona. Pero la mayoría de ellos no tiene remordimientos. El dinero parece justificar un estilo de vida que deja en evidencia que en el sistema algo falla. Y mientras muchos miran hacia otro lado, hay asesinos con las manos limpias dispuestos a poner una pistola en un blanco demasiado fácil.

 

Víctima de la sociedad.

Muchos habréis visto la última noticia, repetida hasta la saciedad, que ha tenido lugar en Nueva York. Un delincuente quiso robar a una transeúnte, y un mendigo lo vio y fue en su busca. Pero el atracador le asestó varias puñaladas y el vagabundo cayó desangrándose.

Hasta que llegaron los servicios médicos, una veintena de personas pasó por el lado de la víctima, un chico de origen guatemalteco que terminó muriendo desangrado ante la mirada impasible de los peatones. Eran las 5.39h de la mañana, y los bomberos no recibieron el aviso hasta las 7,23h.

 

 

 

 

Durante esa hora y cuarenta minutos, pasaron transeúntes por su lado sin inmutarse. Alguien se paró para fotografiar el cuerpo con su teléfono móvil. Otra persona lo levantó dos veces antes de comprobar que estaba desangrado, tras lo cual lo dejó en el mismo sitio y reanudó su camino. A nadie pareció importarle que un chico se muriera en medio de las patrióticas calles de Nueva York.

Todos estos casos tienen en común una cosa: que han tenido lugar durante los últimos días. Pero se parecen en algo más: en todos ellos sobra egoísmo y faltan valores. En todos ellos el interés personal se ha superpuesto a la convivencia, y hace que muchos de nosotros nos lamentemos de vivir en un mundo así. Porque en realidad eso pasa en cualquier rincón del mundo. De hecho, está pasando a cada instante en decenas de países. Pero en la televisión solo tienen lugar las buenas imágenes. Y en la prensa, la investigación es muy costosa. Y mientras, de nada sirve que muchos se rían de las profecías mayas burlando al 2012. El mundo, entendiéndolo por valores, ya está acabando.

 

 

 

Elisabet Parera Campins.
Periodista.

 

 



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