Hubo un día en que desperté y me sentí distinta. Un día en que dejé de jugar con muñecas para prestar atención a las personas de carne y hueso. Hubo un día en que dejé de lado los deberes escolares del día para centrarme en las noticias que salían del televisor, aún sabiendo que habría consecuencias. Hubo un día en que dejé de juntar los labios de Barbie y Ken para pasarme los días soñando con ser yo la protagonista de mi cuento de hadas particular.
Publicado por Elisabet Parera... el Mié, 29/09/2010 - 12:01.