Desayunando esta mañana con mi mujer, gracias a la festividad de este 1 de mayo, me comentaba con sorpresa e impacto la preocupación que le mostró ayer una compañera de trabajo en relación a la gripe porcina y su hipotético contagio y fatales consecuencias. Me contaba que su rostro transmitía una preocupación propia de alguién que está esperando el resultado de una prueba de diagnóstico sobre una posible enfermedad letal, y donde se lo juega todo a una carta.
Publicado por Oscar Cano Fuentes el Vie, 01/05/2009 - 13:06.