Cuando te equivocas, y no puedes justificarlo ante el perjudicado a pesar de tener tus razones, no deja de ser un fracaso en toda regla. Es ese momento en el que no puedes decir nada y sólo puedes aguantar el chaparrón, tanto profesional como incluso personal que te puede caer. Te derrumbas. Después de decir, como mucho, "pero hombre..." o "tampoco es eso...", llega el abatimiento porque ves que nada puedes decir, y aunque pudieses no tienes fuerzas. Te entregas y punto.
Publicado por Oscar Cano Fuentes el Vie, 29/01/2010 - 12:44.