hotel

Aquí y Ahora.

Hace cuatro veranos pasé unas de las mejores vacaciones de mi vida. Es más, después de aquellos días increíbles, los años han empezado a contarse de agosto en agosto.

Cócteles Amargos.

Maletas a medio hacer. Listas tachadas por miedo a quedarse sin lo que en realidad no hace falta. Aviones que despegan, trenes abarrotados y calles multiculturales. Llega el verano y con su esencia esos días largos, esos cócteles refrescantes y esa tranquilidad tan ansiada para algunos que propicia que llegue el estrés para otros a quienes se les viene encima más trabajo que nunca. Y mientras unos se pierden en unos días calurosos que parecen no terminar, otros acaban de ultimar esos detalles que llevarán a marcar otro verano: las vacaciones.

Goleada por Ventaja.

Los imaginaba como unos hooligans que se dedican a beber cuando oscurece. Pero reconozco que me equivoqué. Hace una semana iba en el avión rumbo a Londres con la idea de conocer como sería la ciudad más grande de Europa, y he vuelto enamorada de la magia que se respira en sus calles, en sus bares, y en sus inmensos jardines llenos de vida. En el fondo son afortunados. Y lo saben.

Distribuir contenido