Y llega el tío tarde y prepotente como si todo lo controlase,
preguntándole a la otra si sabía de lo que hacía, impertinente,
insolente, maleducado. Sin escuchar a nadie y retando con cada
frase que lanzaba al aire. Y sale a por una botella de agua,
y luego a mirar como estaba el coche, además de que estaba mal
aparcado, cual su cortijo fuese aquel.
Después: lamentaciones, arrepentimientos y sentirse mal, pero la
moto ya se puso, una vez más, a 300 Km./h. Y no la pudo controlar.
Publicado por Oscar Cano Fuentes el Mié, 10/03/2010 - 18:44.